Orígenes históricos y descubrimiento del HOCl


El ácido hipocloroso (HOCl) fue identificado por primera vez hace casi 200 años. En 1834, el químico francés Antoine Jérôme Balard descubrió que al disolver gas cloro en agua se producía una solución eficaz para limpiar y desinfectar . Este hallazgo reveló la existencia del HOCl, un ácido débil derivado del cloro. Sin embargo, aún antes de reconocer formalmente esta molécula, ya se empleaban compuestos clorados para desinfección: por ejemplo, el médico Pierre F. Percy (1793) y el farmacéutico Antoine G. Labarraque (1825) usaron soluciones de hipoclorito (lejía) para antisepsia, reduciendo drásticamente la mortalidad por infecciones . Estas soluciones liberaban HOCl en el agua, que resultó ser el verdadero agente germicida activo de los desinfectantes con cloro .


El ácido hipocloroso ganó notoriedad como agente desinfectante durante la Primera Guerra Mundial (1914–1918). Ante las infecciones masivas en heridas de combate, los investigadores Alexis Carrel y Henry Dakin probaron más de 200 sustancias antibacterianas y desarrollaron en 1915 la solución de Dakin, una solución tamponada de hipoclorito de sodio que generaba HOCl en concentraciones óptimas  . Este antiséptico se aplicó directamente en heridas y fracturas abiertas, destruyendo microorganismos sin dañar el tejido sano . Un artículo de 1915 en British Medical Journal ya documentaba que el ácido hipocloroso libre era un germicida más potente que sus sales (hipocloritos) y recomendaba emplear el HOCl como agente antiséptico en el campo . La técnica Carrel-Dakin mostró excelentes resultados en la Guerra Mundial, aunque su adopción decayó luego debido a la inestabilidad de la solución y la dificultad de preparación a gran escala .


En las décadas siguientes, el uso del HOCl quedó en segundo plano frente a otros desinfectantes y, más tarde, frente a los antibióticos. No obstante, a finales del siglo XIX Michael Faraday desarrolló un método electroquímico para generar ácido hipocloroso a partir de agua salada, sentando las bases para la producción de HOCl mediante electrólisis . Ya en la década de 1980 hubo un renovado interés científico: en 1989 el británico Stephen J. Weiss demostró in vitro el potente poder bactericida del HOCl liberado por los neutrófilos humanos . Esto confirmó que nuestro propio sistema inmunológico produce HOCl para combatir infecciones. En los años 1990 se lograron formulaciones comerciales más estables de ácido hipocloroso; por ejemplo, en 1993 el investigador colombiano Justo Calderón estabilizó el HOCl en una solución médica llamada Neutroderm, considerada la primera formulación farmacéutica de ácido hipocloroso para uso tópico . Desde entonces, y especialmente en las últimas dos décadas, el HOCl ha resurgido globalmente como un desinfectante seguro y eficaz, obteniendo reconocimientos oficiales. De hecho, el HOCl figura actualmente en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud y está aprobado por agencias como la FDA (Food and Drug Administration de EE. UU.) para usos desinfectantes en alimentos y clínicas .

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